Legendario: Davis, con 55 puntos, llama a las puertas del Olimpo

El idilio sigue y los Lakers son sus protagonistas. La historia de Hollywood es posible, tangible, real. El desarrollo de la misma, un hecho actual que siempre puede cambiar pero que sitúa a los angelinos en un lugar en el que nadie esperaba. Un equipo serio, competitivo, trabajado, que ha dejado atrás ese inicio que ahora parece increíble (0-5), suma 8 victorias en los últimos 10 partidos y está una victoria del play-in, a dos de ese octavo puesto que antaño (parece que han pasado mil años) daba acceso directo a los playoffs… y a 5,5 victorias del liderato de la Conferencia Oeste. Es solo un dato, algo que hat que dejar ahí, una estadística que no tiene por qué significar nada pero, también, un número que no parece tan grande si tenemos en cuenta que estamos hablando de un equipo que hace dos días estaba denostado, casado con el fracaso, hecho trizas. Con una plantilla de la que era imposible sacar nada. Y ahora mira. Cosas de la NBA.

Parece un tema manido y, de hecho, se escapa de los análisis profundos, pero cualquier franquicia que tenga a LeBron James y Anthony Davis puede confiar en hacer algo grande. Las molestias físicas de las dos últimas temporadas han brillado por su ausencia hasta ahora y el papel del ala-pívot, jugando de cinco sin disimulo, está siendo sencillamente espectacular. Tras un enfrentamiento titánico ante los Bucks en el que ha sido para muchos el mejor partido de lo que llevamos de temporada, Davis cuajó en la capital de Estados Unidos una de las actuaciones de su vida: 55 puntos, 17 rebotes, 3 tapones, +17 con él en pista, 22 de 30 en tiros de campo (un 73%), 2 de 3 en triples y 9 de 9 en tiros libres. La estrella consiguió 10, 14, 17 y 14 puntos en cada uno de los cuartos, fue intratable para unos Wizards que solo pudieron contemplar semejante demostración de talento; defendió, reboteó. Dominó. Increíble.

Cualquiera se atreve en estos momentos a especular sobre dónde acabarán unos Lakers que parecen verdaderamente un buen equipo de baloncesto en muchos ratos de sus partidos. Ante los Wizards, un equipo con un techo muy claro con una estrella como Bradley Beal que se dedica a ver la vida pasar (y que se retiró lesionado tras 3 minutos de encuentro), los Lakers ya mandaban 81-105 al final del tercer periodo, ganaron la lucha por el rebote (51-44), repartieron 34 asistencias (15 de Russell Westbrook en otra extrañamente buena actuación), lanzaron por encima del 54% en tiros de campo, se fueron a un 38,5% en triples, se gustaron, mandaron, se complementaron y consiguieron dar una sensación de fiabilidad extraordinaria motivada por esa victoria ante los Bucks que puede marcar, ya veremos, un verdadero punto de inflexión tanto en la temporada angelina como en la de toda la NBA.

Davis, que ya hizo un partido similar en 2016, es el único jugador en conseguir números así desde Karl Malone en 1990 y promedia más de 35 puntos y casi 16 rebotes en los últimos 10 partidos (insistimos, 8-2 para los Lakers). Un ya claro candidato para un MVP que, si todo sigue igual, es muy posible que se quede en Boston (la temporada de Jayson Tatum está siendo increíble). Pero qué más da: lo mejor es ver a este jugador volver a ser el que era, el heredero natural a LeBron, el líder del proyecto, el dominador, la estrella que se iba a comer el mundo en los Pelicans y que cuajó unos playoffs históricamente buenos en la burbuja de Orlando. Un hombre que entró en el top 75 de la historia de la NBA de forma polémica y que está justificando cada noche que puede ser lo que él quiera y que no hay nada ni nadie que pueda toserle en una pista de baloncesto cuando está físicamente bien. Y así está Anthony Davis: bien. Muy bien.

Los Lakers sonríen: van 2-0 en su particular gira por el Este, el susto de LeBron en el tobillo ante los Bucks se ha quedado en nada (5 pérdidas, pero 29+8+6, otro grandísimo partido), la conexión entre sus jugadores es fantástica, se produce en defensa y en ataque, hay una buena selección de tiro y Lonnie Walker es un sustento maravilloso (20 puntos con 4 de 4 en triples en Washington). Ahora, visita a Ohio para jugar ante los Cavaliers, con regreso a casa de un LeBron que está encantado con Davis de líder (”tenemos que darle muchos balones”), en un partido que hace solo unos días parecía tener un único y claro favorito pero sobre el que ahora nadie se atreve a especular. Davis consigue dos partidos por encima de los 40 puntos (primera vez que ocurre algo así en los Lakers desde Kobe Bryant en 2013), está en el mejor momento de su carrera, sus rivales parecen hormigas a su alrededor y, encima, parece disfrutar jugando al baloncesto. La temporada de los Lakers era un galimatías, una ecuación en la que era imposible despejar la x. Y ahí están. Extraordinario.

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